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Barcelona Cultura
Qué era qué en 1700

Rafael Casanova i Comes
Moià, 1660? – Sant Boi de Llobregat, 2 de mayo de 1743

Hijo de un propietario rural del Bages. Cuando triunfó el austracismo en la Barcelona de principios de 1706, fue nombrado consejero tercero tras la muerte de su predecesor. El archiduque Carlos, después de derrotar a las tropas borbónicas que asediaban Barcelona (1706), lo recompensó nombrándolo ciudadano honrado, motivo por el que pudo asistir a las sesiones del Brazo Real y a la última Junta de Brazos, celebrada durante el verano de 1713, que decidió la resistencia a ultranza de la ciudad. Casanova también fue uno de los cinco miembros de la junta secreta que debía valorar las propuestas del jefe militar, Antonio de Villarroel. Seis meses después llegó a la cúspide de su carrera política cuando el Consejo de Ciento lo nombró primer consejero en sustitución de Manuel Flix —partidario de rendir la ciudad—, cargo que implicaba, de facto, la máxima autoridad sobre la milicia ciudadana de la Coronela. A finales de agosto de 1714, las autoridades de la ciudad desatendieron su sugerencia de aceptar un armisticio temporal para reorganizar a la tropa, mientras se esperaba la llegada de un convoy aliado procedente de Mallorca. A pesar de que su propuesta fue desestimada, Casanova mantuvo, durante los últimos días del sitio, una actitud valerosa, y el 11 de septiembre, enarbolando la bandera de Santa Eulalia y escoltado por los prohombres de la ciudad, encabezó el contraataque final en el terraplén de Jonqueres. Allí fue herido en el muslo y trasladado después al colegio de la Mercè. A las tres de la tarde, el coronel Pau Thoar, siguiendo la opinión del comandante general Antonio de Villarroel, llamaba a parlamentar e iniciar las conversaciones para capitular ante el duque de Berwick. El miedo a la represión filipista persuadió a los parientes y amigos de Casanova de que debían declararlo oficialmente muerto y llevarlo, en secreto, a la casa familiar de su mujer, donde se escondió. No volvió a aparecer públicamente hasta 1719, cuando aprovechó una amnistía para ejercer de nuevo como abogado.

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Josep Moragues i Mas
(Sant Hilari Sacalm, 28 de febrero de 1669 – Barcelona, 27 de marzo de 1715)

La muerte de su padre le obligó a hacerse cargo de las tierras de su familia. Durante la Guerra de los Nueve Años (1688-1697) se incorporó a la compañía de los migueletes de la veguería de Vic para enfrentarse a las tropas francesas, y en 1705 fue uno de los vicenses que se alzaron contra el virrey borbónico, Francisco Fernández de Velasco, e impulsaron el Tratado de Génova (1705), por el cual Cataluña entraba en la Guerra de Sucesión en el bando aliado a cambio de recibir el apoyo militar de Inglaterra. Los desacuerdos entre los sublevados vicenses hicieron que se incorporara al ejército del archiduque Carlos y no a la Real Guardia Catalana. El archiduque lo nombró coronel de caballería y, tras luchar en el frente del Ampurdán, fue ascendido a general y se convirtió en gobernador de la fortaleza de Castellciutat, en la Seu d’Urgell. Tras la firma de la capitulación, los franceses apresaron a su familia para obligarle a entregarse; su respuesta fue liberarlos y refugiarse en Cardona, donde se puso a las órdenes del marqués del Poal, Antoni Desvalls i de Vergós. Cardona capituló el 18 de septiembre de 1714 y, aunque Moragues se acogió al régimen de capitulaciones, fue llamado a Barcelona y puesto bajo vigilancia por el capitán general. El temor a ser arrestado lo persuadió de trasladarse a Mallorca para ponerse bajo las órdenes del virrey austracista de la isla, el marqués de Rubí, que continuaba la lucha contra los Borbones, pero fue detenido antes de poder embarcar. Las autoridades borbónicas lo condenaron y ejecutaron públicamente el 27 de marzo de 1715, junto con sus compañeros de armas, los capitanes Jaume Roca y Pau Macip. La cabeza del general estuvo colgada en una jaula en el Portal de Mar durante doce años, hasta marzo de 1727. Su esposa y otros familiares fueron encarcelados y mantenidos en prisión hasta después del Tratado de Viena (1725), que supuso el fin del conflicto entre ambos pretendientes.

 

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Antonio de Villarroel y Peláez
(Barcelona, 3 de diciembre de 1656 – La Coruña, 22 de febrero de 1726)

Cuando estalló la Guerra de Sucesión, era uno de los generales del ejército borbónico, pero cayó en desgracia cuando el hasta entonces responsable de campañas militares en Valencia y Aragón, el duque de Orleans, perdió la confianza de Felipe V y de la princesa de los Ursinos (1709). Con el duque había participado en las victorias de Almansa, Requena, Balaguer o Lérida. No se sabe con certeza si se refugió o fue desterrado a Galicia, donde permaneció durante un par de años. A pesar de que en 1710 se reincorporó al ejército filipista, los rumores y las sospechas constantes que despertaban sus acciones hicieron que se pasara al bando austracista. Su actuación en la defensa de Villaviciosa de Tajuña (Guadalajara) fue valiente, a pesar de la derrota aliada, y organizó la evacuación de Aragón (1711). Cuando empezó el sitio de Barcelona fue nombrado comandante supremo de las fuerzas catalanas, responsable, por tanto, de la organización de la ciudad. Villarroel respondió a las ofensivas borbónicas con una arriesgada salida de tropas a cargo de Josep Bellver i Balaguer. La maniobra iba dirigida contra los miradores de las minas borbónicas que se acercaban a la muralla de Barcelona. El 12 de agosto de 1714 los borbónicos intentaron asaltar la ciudad, en un combate conocido como la batalla del baluarte de Santa Clara; a pesar del éxito de los defensores, que consiguieron repelerlo, quedaron en evidencia las numerosas brechas de la muralla. El 4 de septiembre de 1714, el duque de Berwick propuso negociar la capitulación de la ciudad. Antonio de Villarroel sugirió la necesidad de capitular, pero las autoridades civiles se opusieron y forzaron que presentara su dimisión. Aun así, durante el asalto definitivo del 11 de septiembre optó por quedarse al lado de las tropas catalanas que había liderado hasta entonces. En el ataque contra el Pla d’en Llull fue herido, y cuando le comunicaron que Rafael Casanova también había sido herido dio la orden de capitular. Las tropas borbónicas lo capturaron junto con veinticinco jefes militares más, infringiendo las garantías otorgadas en la capitulación. Antonio de Villarroel y sus compañeros fueron trasladados al castillo de Alicante, donde llegaron el 29 de octubre. Al mes siguiente, lo enviaron a la prisión de La Coruña, donde permaneció hasta el fin de sus días. Murió el 22 de febrero de 1726.

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Francesc Macià i Ambert, Bac de Roda
(Sant Pere de Roda de Ter, 28 de mayo de 1658 – Puig de les Forques, Vic, 2 de noviembre de 1713)

Hijo de un payés terrateniente de la veguería de Vic, su casamiento con la pubilla del Mas Bac de Roda de Ter hizo que adoptara su nombre. A partir de entonces, fue conocido como Francesc Macià i Bac de Roda, o simplemente Bac de Roda. Como tantos otros catalanes de la veguería de Vic, se enfrentó a los franceses durante la Guerra de los Nueve Años (1688-1697). Sus vínculos de parentesco le facilitaron el acercamiento al grupo de Carles de Regàs, conocido con el nombre de los vigatans (vicenses) por su procedencia. Desde 1704, los vigatans se habían mostrado descontentos con el nuevo rey, Felipe V, y con su virrey, Francisco Fernández de Velasco. Eso los impulsó a establecer contactos con el pretendiente de la casa de Austria, el archiduque Carlos, a través de Georg von Hessen-Darmstadt, que les prometió que una flota anglo-holandesa desembarcaría en Barcelona durante el verano de 1705 y traería al archiduque. En mayo de 1705, los nobles vicenses se rebelaron contra el virrey y otorgaron poderes a sus representantes para firmar el Pacto de Génova (1705) entre Inglaterra y Cataluña. Entre 1707 y 1713, Bac de Roda mantuvo una actividad militar discontinua, interrumpida en dos ocasiones a causa de su avanzada edad. Después de la tentativa frustrada de organizar la retaguardia para atacar a las tropas que asediaban Barcelona (1713-1714), licenció a sus hombres y se refugió en su masía de Sant Pere de Roda de Ter. Fue delatado y capturado por las tropas borbónicas comandadas por Feliciano de Bracamonte, que ordenó colgarlo en el Puig de les Forques. Su muerte desencadenó la venganza austracista: el marqués del Poal ordenó la ejecución de los líderes migueletes partidarios de los Borbones.

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Sebastià de Dalmau i Oller
(Barcelona, 29 de noviembre de 1682 – Viena, 2 de agosto de 1762)

Hijo del comerciante Amador Dalmau i Colom, que se había enriquecido con el negocio de la exportación e importación y que disponía incluso de una flota propia para llevar a cabo sus actividades comerciales. Ambos fueron encarcelados en junio de 1704 por el virrey Francisco Fernández de Velasco, acusados de haber formado parte de un complot austracista. La entrada a Barcelona de las tropas del archiduque Carlos (1705) facilitó su liberación. El nuevo monarca los recompensó con el privilegio de caballero, y Sebastià se convirtió en uno de sus más fieles hombres. Años después, cuando tuvo conocimiento del Convenio de L’Hospitalet (22 de junio de 1713), por el cual, en virtud de los acuerdos del Tratado de Utrecht, las tropas imperiales cedían a los ejércitos borbónicos las ciudades de Tarragona y Barcelona, sin garantía alguna de respeto por las constituciones catalanas, optó por quedarse en Barcelona y no se marchó, como había previsto en un principio, con las tropas imperiales. Durante los meses del sitio borbónico, Dalmau empleó su fortuna para pagar los atrasos a las tropas del general Rafael Nebot y financiar el regimiento de la Fe. En agosto de 1713, se unió como coronel a la expedición del diputado militar de la Generalidad, Antoni Francesc de Berenguer, que salió de Barcelona para contactar con los diferentes núcleos resistentes del interior de Cataluña e intentar abrir un frente en la retaguardia de los sitiadores de la capital. Tras una larga peregrinación por el interior, Berenguer decidió abandonar a su tropa en la playa de Alella y regresar con la cúpula militar a Barcelona. Dalmau se resistió a obedecer la orden, pero finalmente la acató y se embarcó con el resto de oficiales. En la ciudad, se convirtió en uno de los hombres fuertes de la Junta de Gobierno y fue designado representante en las negociaciones de paz con las tropas francesas, en abril de 1714. Durante los últimos meses del sitio, Dalmau invirtió su fortuna en pagar los sueldos de los artilleros y reedificar las zonas fortificadas. Dalmau, como Villarroel, fue partidario de rendir la ciudad a principios de septiembre, pero la Junta se negó. El 11 de septiembre, después de que Casanova cayera herido, se reunió con las principales autoridades para acordar la capitulación de la ciudad. Once días después, era detenido. Durante una década, se arrastró de prisión en prisión hasta que fue liberado en 1725. Una vez recobrada su libertad, se exilió en Viena, donde prosiguió su carrera como militar y vivió hasta el fin de sus días. 

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Francesc de Castellví i Obando
(Montblanc, 15 de febrero de 1682 – Viena, 15 de septiembre de 1757)

Hijo del aristócrata Ignasi de Castellví i de Ponç, veguero de Montblanc, de quien heredó la baronía de Rocafort de Queralt. Poca cosa se sabe de su participación en la Guerra de Sucesión antes del último sitio borbónico a la ciudad de Barcelona (1713-1714), durante el cual ostentó el grado de capitán en la 7ª compañía del II Batallón de la milicia barcelonesa de la Coronela. Cayó herido el 12 de agosto de 1714, pero, aun así, participó en la batalla del 11 de septiembre. Sufrió las represalias de los vencedores en forma de confiscación de tierras y libertad vigilada, motivo por el que decidió sumarse a la partida de Pere Joan Barceló i Anguera, cononocido como El Carrasclet. Sintiéndose perseguido, se refugió en el monasterio de Vallbona de les Monges, donde tenía dos hermanas religiosas como internas. Allí inició la ingente tarea de reunir toda la información posible sobre la guerra. Las tropas castellanas lo detuvieron durante unos meses en 1718 y después se refugió en el castillo de Rocafort de Queralt, propiedad de sus parientes, los Armengol. A diferencia de la mayoría de austracistas catalanes, que después del Tratado de Viena (1725) regresaron a su patria, él se trasladó entonces a la capital del Imperio y se integró con rapidez en el colectivo de exiliados que todavía permanecían en la corte. Durante los treinta años que residió en Viena, escribió su extensa obra, Narraciones Históricas desde el año 1700 al 1725..., que, a pesar de no haber sido publicada hasta 1997-2002 (en cuatro volúmenes), es una obra excepcional para conocer la historia de la Guerra de Sucesión. En el último tercio del siglo XIX, el historiador Salvador Sanpere i Miquel descubrió el manuscrito en el archivo vienés (Haus-, Hof- und Staatsarchiv) e hizo una copia para la Biblioteca de Catalunya (que en la actualidad se encuentra en el Arxiu Nacional de Catalunya). Castellví recogió estos acontecimientos para dejar constancia de unos hechos que se extinguían con la memoria de los vencidos y se tergiversaban en las historias de los vencedores.

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Rafael Nebot i Font
(Riudoms, 21 de enero de 1665 – Viena, 6 de septiembre de 1733)

Nacido en una familia de la baja nobleza catalana, él y cuatro de sus ocho hermanos se convirtieron en militares de carrera. Antes de la rebelión de los vigatans (1704), dos de sus hermanos (Joan y Josep) abandonaron el ejército de Felipe V, mientras él y los otros dos (Alexandre y Antoni) se mantenían fieles al monarca. Josep se escondió y Joan huyó a Gibraltar buscando la protección del bando aliado, mientras a Rafael le ordenaban el asedio al peñón. Después, su regimiento de caballería, en el que también servían sus otros dos hermanos, fue enviado a Dénia para luchar contra las tropas austracistas del general Joan Basset. El ejército borbónico tuvo que dividirse y, mientras el grueso marchaba hacia Cataluña para defender Barcelona, a Rafael le encargaban proteger Valencia y contener la rebelión en Dénia. A través de los hermanos Nebot que le eran favorables, el archiduque Carlos hizo llegar algunas cartas a Rafael para convencerlo de unirse a su causa. Finalmente, en diciembre de 1705, Rafael Nebot y sus hombres abandonaron a los filipistas para unirse a los maulets del general Basset. Después de entrar en Valencia, su destacamento recibió órdenes de socorrer Barcelona, que era asediada de nuevo, esta vez por el ejército borbónico (1706). Tras varias campañas militares regresó a la capital catalana para defenderla durante el segundo sitio borbónico (1713-1714). Fue nombrado comandante militar de la expedición del diputado militar de la Generalidad, Antoni Francesc de Berenguer, que tenía la finalidad de aglutinar a los resistentes austracistas de la Cataluña central y pirenaica para lanzar un ataque sobre la retaguardia de los atacantes de Barcelona. La expedición fracasó en su objetivo de romper el sitio borbónico, aunque consiguió reunir a más de dos mil hombres, a los que el diputado militar decidió abandonar en Alella y no hacer entrar en Barcelona, aduciendo que la presencia de este contingente podría ocasionar conflictos debido a la escasez de provisiones en la capital. Rafael fue el ejecutor de las controvertidas órdenes del diputado militar, y para hacer primar su autoridad debió enfrentarse a la resistencia del coronel Sebastià de Dalmau y a la desobediencia de Ermengol Amill y Manuel Moliner. Cuando la Junta de Gobierno de la ciudad tuvo conocimiento de estos hechos, arrestó a los comandantes de la expedición. La noche de fin de año de 1714, el general Nebot huyó con la complicidad de algunos de sus antiguos subordinados y se embarcó hacia Mallorca, y de allí pasó a Viena. Cuando llegó a la corte, el emperador desestimó los cargos de que se le acusaba y le ofreció un puesto en el ejército imperial para que prosiguiera su carrera militar, que culminaría con el título de conde de Nebot.

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James Fitzjames Stuart, primer duque de Berwick
(Moulins, Francia, 21 de agosto de 1670 – Philippsburg, cerca de Karlsruhe, Alemania, 12 de junio de 1734)

Hijo ilegítimo del rey Jaime II de Inglaterra y VII de Escocia (1685-1688), que se había exiliado en Francia después de la ejecución de su padre (1649), Carlos I de Inglaterra. Durante la Guerra de Sucesión, en 1704, fue nombrado por Luis XIV jefe del ejército borbónico del frente peninsular, a pesar de que lo relevaron en dos ocasiones, la primera después de la derrota de la campaña de Portugal (julio de 1704) y la segunda tras la victoria de la batalla de Almansa (1707). Finalmente, volvió a ser llamado para acabar de forma definitiva con el sitio a Barcelona (1714). La monarquía francesa lo nombró mariscal de Francia después del triunfo en la expedición contra Niza (1706) y posteriormente le otorgó los títulos de duque de Fitzjames y el de par de Francia tras la victoria de Almansa. Felipe V de España lo designó virrey de Aragón y creó para él el título de duque de Liria, concediéndole el feudo de la villa de Xèrica. En julio de 1714 relevó al duque de Pópoli, que hacía once meses que asediaba la ciudad de Barcelona. Bajo su dirección se emprendieron tácticas más agresivas, como el lanzamiento de 40.000 bombas sobre Barcelona tan sólo en el mes de agosto. Después del triunfo, se mostró inflexible a la hora de negociar las capitulaciones con los representantes de la ciudad. En 1718 volvió a España, pero esta vez para combatir a las tropas de Felipe V en la Guerra de la Cuádruple Alianza. Años después, se le encomendaría la conducción del ejército del Rin en la Guerra de Sucesión de Polonia (1733-1738). Murió por culpa de un cañonazo durante el sitio de Philippsburg.

 

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Restaino Cantelmo-Stuart y Brancia, séptimo duque de Pópoli y príncipe de Pettorano
(Nápoles, 1651 – Madrid, 16 de enero de 1723)

Noble y militar napolitano que entró al servicio de la monarquía hispánica durante el reinado de Carlos II como capitán de caballería y ascendió hasta el puesto de mariscal de campo (1702). Este último ascenso fue una recompensa de Felipe V por haber reprimido la conspiración austracista de Nápoles, dirigida por el príncipe de Macchia. Cuando las tropas austracistas llegaron a Valencia, fue enviado a Barcelona junto con una compañía de guardias italianos, formada por los principales prohombres de la nobleza napolitana, para reforzar su defensa frente al sitio austracista (1705). Las capitulaciones firmadas con las tropas del archiduque Carlos le permitieron retirarse junto con toda la plana mayor borbónica, su familia y la compañía de guardias napolitanos, sin que ninguno de ellos jurara lealtad al archiduque. A raíz del triunfo austracista en Nápoles (1707), fueron confiscadas sus propiedades y feudos, que no volvería a recuperar nunca —sus bienes fueron devueltos a su hijo después del Tratado de paz de Viena, en 1725—. Nombrado capitán general de Cataluña en 1713, Felipe V le instigó a llevar a cabo una clara política represiva contra los austracistas catalanes. A finales de julio de 1713 dio inicio al sitio de Barcelona, aunque a pesar del bloqueo terrestre y marítimo no consiguió rendir la ciudad. Tampoco logró parar la expedición del diputado militar de la Generalidad, Antoni Francesc de Berenguer, que recorrió el centro y norte de Cataluña para reunir hombres y recursos. El duque respondió a la expedición con virulencia y desató una ola de represión atroz allá por donde habían pasado los austracistas. A principios de marzo de 1714 reemprendió el bombardeo sistemático sobre Barcelona, que se había interrumpido durante las negociaciones del Tratado de Rastatt (1714). La perseverancia de los resistentes barceloneses llevó a Felipe V a tomar la decisión de sustituirlo por el duque de Berwick. Pasó los últimos años de su vida en la corte de Felipe V, donde formó parte de los Consejos de Guerra y de Finanzas del rey y fue nombrado tutor del príncipe de Asturias.

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Josep Aparici i Fins
(Caldes de Montbui, 1 de mayo de 1654 – Barcelona, 16 de diciembre de 1731)

Hijo de un menestral que ascendió socialmente gracias a su dedicación a los negocios y al servicio a la monarquía borbónica. A los veintitrés años, se trasladó a Barcelona para entrar al servicio del barón de Maldà, Jaume Cortada i Sala. En 1699 fue escogido consejero cuarto de Barcelona. Poco tiempo después, en 1701, ingresaba en la aristocrática y erudita Academia de los Desconfiados, donde pronunció un discurso en el acto de recepción de Felipe V en Barcelona. Durante las Cortes de 1701-1702, efectuó una relevante intervención en el reparto del donativo que las Cortes ofrecían al monarca antes de concluir sus sesiones. Sus opiniones mostraban el anhelo de reforma de la Diputación del General y se sumaron a las propuestas de mejora de la actividad comercial e industrial en Cataluña. Cuando el archiduque Carlos atracó en Barcelona, Aparici fue marginado momentáneamente de las instituciones catalanas, hasta que le encargaron el reparto del donativo de las Cortes de 1705-1706. Huyó de Barcelona durante el último sitio borbónico (1713-1714) y se refugió en Mataró, donde estaban la mayoría de los partidarios del Borbón. Allí fue captado por José Patiño, el superintendente general de Justicia y Hacienda, y se le encargó la tarea de presidir la Real Junta Superior, erigida en el primer gobierno borbónico de Cataluña y artífice del Decreto de Nueva Planta (1716). Aparici fue nombrado miembro de la Junta Patrimonial o de Intendencia organizada por el bando atacante. Tras la caída de Barcelona, Patiño aprovechó el conocimiento de Aparici sobre la geografía y la estructura económica del Principado para incitarlo a promover un nuevo impuesto basado en las reformas fiscales francesas. El impuesto del catastro se concibió para gravar la riqueza de los bienes muebles e inmuebles y tenía que sustituir a los imprecisos impuestos basados en el número de vecinos de cada fogaje. Sus discrepancias con la nueva administración borbónica, sin embargo, hicieron que fuera arrinconado en la Contaduría de Confiscaciones, y acabó su carrera en la administración como subalterno de la Mesa de Cambios y Comunes depósitos de Barcelona.

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Marie-Anne de La Trémoille, princesa de los Ursinos (Orsini, en italiano)
(París, 1642 – Roma, 5 de diciembre de 1722)

Hija del aristócrata francés Luis II de La Trémoille, duque de Noirmoutier. Cuando fue proclamado rey de la monarquía hispánica, Felipe V sólo tenía diecisiete años, y su abuelo, Luis XIV, creyó oportuno que alguien ayudara al joven monarca y su esposa, María Luisa de Saboya, a familiarizarse con la corte española. La princesa de los Ursinos fue la persona escogida y en abril de 1702 fue nombrada «camarera mayor» de la reina (cargo palaciego que implicaba el cuidado de la reina y de sus aposentos). La princesa se convirtió en la persona más poderosa de la corte por su capacidad de incidir sobre el comportamiento de los reyes. Este poder fue el que frustró la conferencia de paz de Geertruidenberg (1709), en un momento en que Luis XIV exigía a su nieto la renuncia a la Corona de España en favor del archiduque Carlos. Cuando todo parecía cerrado, surgió la petición de la princesa de convertirse en la gobernante de los Países Bajos, propuesta que contaba con el apoyo de Felipe V. El rey francés rechazó la demanda e hizo fracasar la conferencia, y a raíz de esto la princesa cayó en desgracia en la corte versallesca; el único poder que mantuvo fue su relación con la reina María Luisa de Saboya. A la muerte de ésta, el 14 de febrero de 1714, la princesa de los Ursinos, consciente de su debilidad, indujo a Felipe V a contraer matrimonio con la duquesa de Parma, Isabel de Farnesio, confiando en que de esta forma conservaría su poder. Le habían presentado a la duquesa como una beata sumisa, pero pronto descubrió que era todo lo contrario, y tras consagrarse el matrimonio la princesa fue despedida como camarera mayor y escoltada hasta la frontera francesa. Marie-Anne de La Trémoille acabó sus días en Roma, en la corte del monarca inglés exiliado Jaime III.

 

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Ermengol Amill i Moliner
(Bonestarre, Pallars Sobirà, 1665 – Crotona, Calabria, 1732)

Hijo de una familia payesa pudiente del Pallars, se desconoce el motivo de su incorporación al ejército, pero en 1705, después de la rebelión austracista liderada por los vigatans, fue nombrado coronel de un regimiento de fusileros de montaña. A partir de entonces encadenó un éxito tras otro hasta convertirse en uno de los principales jefes militares, ya fuera en la incursión al norte de Francia, al lado de Josep Moragues, en el sitio de Barcelona, en Valencia o en la Cataluña central. En agosto de 1713 participó en la expedición del diputado militar Antoni de Berenguer comandada por Rafael Nebot. Ermengol desobedeció las órdenes de sus superiores y no se embarcó con ellos; prefirió no abandonar a sus hombres en Alella y proseguir el combate hasta poder abrir una brecha en las líneas de los atacantes. Meses después consiguió abrirse paso entre las tropas borbónicas y entró en Barcelona, donde testificó a favor de su amigo, el general Rafael Nebot, en el consejo de guerra que se organizó a raíz de la retirada. A principios de 1714 se puso bajo las órdenes de Antoni Desvalls, marqués del Poal, quien desde Cardona tenía el encargo de organizar el ejército del centro de Cataluña. El 18 de septiembre de 1714 cayó Cardona, donde se refugiaba Ermengol, y a pesar de las capitulaciones firmadas con las tropas borbónicas, lo capturaron y lo trasladaron a Gerona, desde donde huyó a Francia, y de allí a Viena. En la corte imperial prosiguió su carrera militar en las guerras contra el Imperio otomano. Participó en el avance del príncipe Eugenio de Saboya por las regiones de Timisoara y el Banato hasta que fue capturado por los otomanos durante el sitio de Zvornik (Bosnia). En 1718 lo liberaron, pero su salud estaba muy mermada por culpa de las torturas sufridas. Carlos VI lo nombró gobernador del castillo de Crotona, en el reino de Nápoles, y ejerció este cargo hasta que en 1730 su estado de salud le obligó a subrogarlo. A pesar de todo, residió allí hasta que falleció, en 1732.

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Maria Anna de Copons de Cordelles i d’Armengol
(1687-1720)

Hija de Ramon de Copons, señor de Llor, linaje nobiliario catalán que se remonta al siglo XIII, y de Josepa d’Armengol, hija del barón de Rocafort, Antoni d’Armengol. Maria Anna se casó en primeras nupcias con Josep Subirà i Julià, barón de Eroles i de Abella, que participó en las Cortes de 1701-1702 y de 1705-1706. Enviudó y, poco después, se volvió a casar con Francesc d’Areny de Queralt i de Torralla, segundo barón de Claret, miembro de la Junta de Brazos de 1713 y nombrado conde de Areny por el rey Carlos III. Su hermana Caterina estaba casada con Josep Antoni Mata i de Copons, conde de la Torre de Mata y uno de los capitanes de la Coronela de Barcelona, además de miembro de la Junta de Guerra. Durante el último sitio borbónico a Barcelona (1713-1714), Maria Anna de Copons estaba en Alella, donde el comandante de la guarnición borbónica, el barón de Querchois, la visitaba a menudo. En una de las visitas, el 25 de enero de 1714, se enteró de que el comandante había recibido órdenes del duque de Pópoli de marchar con su tropa hacia Mataró, ya que preveía el asalto a la ciudad de cuatrocientos fusileros embarcados en Barcelona para atacar la retaguardia borbónica. Su insistencia para que no fuera o para que, simplemente, enviara a un destacamento hizo que el barón acabara enseñándole la orden del duque para justificar su partida. Entonces, Maria Anna puso sobre aviso al comerciante austracista Salvador Lleonart, que aquella misma noche se embarcó hacia Barcelona, donde alertó al coronel Ermengol Amill y a sus hombres, que estaban a punto de partir hacia Mataró. También lo comunicó al gobierno y al comandante en jefe Villarroel, que optó por detener el asalto a Mataró. A raíz de una confidencia, el duque de Pópoli había reforzado la localidad con más de 1.300 hombres, hecho que habría convertido la expedición del coronel Amill en un irremediable fracaso. Más de dos centurias después, el historiador catalán Santiago Albertí definió a Maria Anna de Copons como la «pequeña Mata-Hari».

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Carlos II
(Madrid, 6 de noviembre de 1661 – Madrid, 1 de noviembre de 1700)

Carlos II de Castilla y de la Corona de Aragón (1665-1700), conocido popularmente como «el Hechizado».

Su madre, Mariana de Austria, ocupó la regencia de la monarquía hispánica después de la muerte de su padre, Felipe IV (1665), hasta que él ascendió al trono (1675). Su reinado en Cataluña estuvo marcado por los enfrentamientos permanentes con la política expansionista de Luis XIV de Francia. Las contribuciones impuestas por la monarquía hispánica a los catalanes, mediante los alojamientos y el abastecimiento de la tropa, desencadenaron la revuelta de los Barretines (1687-1689). Paralelamente, se incrementó el intervencionismo real sobre la fiscalidad de la Generalidad, que cada vez estaba más endeudada, ya que Cataluña se había convertido en uno de los escenarios de la Guerra de los Nueve Años (1688-1697). Aun así, algunos burgueses catalanes lograron hacer negocio con las urgencias financieras y las necesidades de la guerra, motivo por el cual el abogado e historiador Narcís Feliu de la Penya afirmó que Carlos II era el mejor rey que había tenido España.

Carlos II fue el último rey de la dinastía de los Austrias en la monarquía española. La combinación de su aspecto frágil, su débil salud y su esterilidad hicieron que, muy pronto, la sucesión a la Corona se convirtiera en una cuestión internacional. Durante los últimos años de su reinado, Carlos II se puso al frente de la acción de gobierno, aconsejado en todo momento por su esposa, Mariana de Neoburgo. La diplomacia internacional y la corte española consensuaron en 1696 que José Fernando de Baviera, bisnieto de Felipe IV, sucedería a Carlos II, pero la muerte prematura del candidato, tres años más tarde (1699), suscitó nuevas tensiones. El «partido francés» de la corte y el embajador de Luis XIV apoyaban la candidatura de Felipe de Anjou, nieto del rey de Francia, mientras que la reina y la diplomacia inglesa, holandesa e imperial se inclinaban por el candidato austríaco, el archiduque Carlos, hijo del emperador del Sacro Imperio Germánico Leopoldo I. Finalmente, el 3 de octubre de 1700, pocas semanas antes de morir, Carlos II testó a favor de Felipe de Anjou, con el compromiso previo de que la monarquía hispánica no se fragmentase. La repentina muerte de Carlos II y la decisión de legar la monarquía a la casa de Borbón desencadenaron la Guerra de Sucesión (1701-1714), que enfrentó a la alianza entre Castilla y Francia, partidarias de Felipe, con la coalición de las Provincias Unidas, Inglaterra y Austria, favorables a Carlos de Austria.

 

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Archiduque Carlos de Austria
(Viena, 1 de octubre de 1685 – 20 de octubre de 1740)

Carlos III en la Corona de Aragón: Cataluña (1706-1714), Mallorca (1706-1715), Valencia (1706-1707), Aragón (1706-1707) y Cerdeña (1706-1720)
Carlos IV en el Reino de Nápoles (1706-1714 / 1720-1738) y de Sicilia (1720-1734)
Carlos VI del Sacro Imperio Germánico (1711-1740)

Fue el segundo hijo del emperador Leopoldo I y de su tercera esposa, Leonor del Palatinado-Neoburgo, y nieto del emperador Fernando III y de la infanta María Ana de España. A la muerte sin descendencia del rey Carlos II (1700), el archiduque se postuló como candidato a la Corona de la monarquía hispánica, pero Carlos II había testado a favor de Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia y bisnieto de Felipe IV de Castilla. A consecuencia de este conflicto dinástico se desencadenó la Guerra de Sucesión. El archiduque obtuvo con rapidez el apoyo de los estados de Inglaterra y las Provincias Unidas, con los que formó la Gran Alianza de La Haya (1701) para enfrentarse a la alianza franco-española de los Borbones. El archiduque Carlos fue proclamado rey de España en Viena el 12 de septiembre de 1703, y llegó a la costa catalana el 22 de agosto de 1705 al frente de la flota que debía coordinar el sitio de Barcelona. La ciudad se rindió el 9 de octubre, y al cabo de un mes el archiduque juró las constituciones catalanas y fue proclamado rey con el nombre de Carlos III. Un año más tarde, el rumbo de la guerra dio un giro y, a partir de abril de 1707, sus tropas sufrieron varias derrotas, como la de Almansa, a raíz de las cuales los reinos de Valencia y de Aragón quedaron bajo el dominio borbónico y los austracistas se concentraron en el Principado y en las Islas. Cuando sufría sus peores reveses en la Península, Carlos III se enteró de la noticia de la muerte de su hermano, el emperador José I, que lo obligó a trasladarse a Viena para ser coronado nuevo emperador del Sacro Imperio Germánico; corría el año 1711. Eso significó el final del apoyo de las potencias europeas a la causa austracista y, por tanto, también el principio del fin del «caso de los catalanes», ya que éstas desconfiaban de un monarca tan poderoso.

A partir de 1713 se abrieron conversaciones de paz con el bando borbónico y los catalanes que todavía resistían fueron abandonados a su suerte. El emperador Carlos VI no firmó la paz definitiva con Felipe V hasta el Tratado de Viena (1725). A partir de entonces su política exterior se centró en combatir la amenaza turca en los Balcanes.

 

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Felipe de Anjou. Felipe V de España [V de Castilla y IV de Aragón]
(Versalles, 19 de diciembre de 1683 – Madrid, 9 de julio de 1746)

Felipe V de Castilla (1700-1724 y 1724-1746)
Felipe IV en la Corona de Aragón (1700-1705)
Felipe IV en el Reino de Nápoles (1700-1713) y de Sicilia (1700-1706)

La débil salud del monarca hispánico Carlos II suscitó numerosas conspiraciones en la corte de Madrid para designar a su sucesor. Los partidarios de la monarquía borbónica consiguieron que Felipe, duque de Anjou y nieto de Luis XIV, fuera el escogido y Carlos II testara a su favor. Inicialmente los territorios de la Corona de Aragón aceptaron al nuevo monarca, pero la fascinación por el modelo político de su abuelo hizo que pronto transgrediera las constituciones catalanas que había jurado en 1701. Las acciones del monarca despertaron muchos recelos entre la población catalana, y algunos sectores de la baja nobleza (el grupo de los vigatans) conspiraron con las potencias europeas partidarias de que la corona estuviera en manos del archiduque Carlos de Austria. La reacción de Felipe V contra los súbditos rebeldes que daban apoyo a su adversario fue furibunda e intransigente. Tras apoderarse de los reinos de Valencia y Aragón, ordenó la supresión de sus leyes mediante los Decretos de Nueva Planta. Esas acciones convencieron a muchos catalanes y baleares de proseguir con la resistencia. A pesar de todo, finalmente fueron derrotados y Felipe V impuso la disolución de sus instituciones, la abolición de las constituciones (Decreto de Nueva Planta) y estableció un férreo control militar. Una vez derrotados los catalanes, el objetivo de Felipe V fue la recuperación de los territorios italianos que había perdido con el Tratado de paz de Utrecht (1713). Detrás de las vicisitudes de su política exterior estaba su segunda mujer, Isabel de Farnesio, que presionaba al monarca en favor de su descendencia. Pronto, Felipe V empezó a acusar algunos síntomas de desequilibrio mental que lo llevaron a abdicar en favor de su hijo, Luis I. El nuevo monarca subió al trono en 1724 pero murió aquel mismo año, hecho que obligó a Felipe V a aceptar de nuevo la corona hasta su muerte, en 1746.

 

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Jorge I de Gran Bretaña e Irlanda
(Hannover, 28 de mayo de 1660 – Osnabrück, 11 de junio de 1727)

Jorge I de Gran Bretaña e Irlanda (1714-1727)

Antes incluso de su llegada al trono se mostró favorable al «caso de los catalanes», a pesar de la pasividad que había demostrado la corte inglesa frente al embajador Pau Ignasi de Dalmases i Ros, que buscaba complicidades para obtener ayuda durante el último año de reinado de la reina Ana. La muerte de la reina el 1 de agosto de 1714 convirtió a Jorge, elector de Hannover, en el primer monarca de la casa de Hannover. Jorge residía en Alemania y, yendo hacia Inglaterra, se detuvo en La Haya el 18 de septiembre de 1714 para entrevistarse con el embajador catalán en las Provincias Unidas, Felip de Ferran de Sacirera, cuando todavía ninguno de los dos sabía que Barcelona ya había capitulado. Aquella entrevista hizo que el nuevo monarca diera órdenes a su representante en París, Matthew Prior, para que presionara a Luis XIV con el objetivo de conseguir que Barcelona no capitulara y los resistentes pudieran firmar un tratado con los sitiadores borbónicos. Paralelamente, la Regencia de Gran Bretaña ya efectuaba gestiones para concentrar una flota delante de Barcelona, que garantizara el abastecimiento de la ciudad y la libre salida de las personas hasta el final del conflicto. Pero el gobierno de los tories consiguió suspender la decisión de enviar la flota hasta que la Regencia no tuviera el consentimiento del rey. Dieciocho días después de la caída de Barcelona, el rey llegó a Londres, pero el nuevo Parlamento inglés, con mayoría del partido whig y, por tanto, favorable a la causa catalana, no reprendió las sesiones con la presencia del nuevo rey hasta el 17 de marzo de 1715. A pesar del apoyo del partido whig, el rey prefirió asumir una política de hechos consumados y desviar la mirada del «caso de los catalanes». Durante los primeros años de su reinado, mantuvo una presencia activa en la política exterior británica: en 1717 su participación fue decisiva para constituir la Triple Alianza, formada por Francia, las Provincias Unidas y Gran Bretaña, que los obligaba a cumplir los acuerdos del Tratado de Utrecht (1713) con los que se había dado por cerrada la Guerra de Sucesión. Con la incorporación del Sacro Imperio Germánico en 1718, se convirtió en la Cuádruple Alianza. Detrás de aquella liga de países estaba la pretensión de frenar las aspiraciones de Felipe V de acceder al trono de Francia. El conflicto consiguiente supuso un auténtico fracaso para Felipe V, que debió renunciar a la idea de unir ambos reinos.

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Luis XIV de Francia [el Grande, el Rey Sol]
(Saint-Germain-en-Laye, 5 de septiembre de 1638 – Versalles, 1 de septiembre de 1715)

Luis XIV de Francia (1643-1715)

A finales del siglo XVII, la corte francesa y la imperial conspiraban por la herencia de la monarquía hispánica, ante la incapacidad del monarca Carlos II y la imposibilidad de que tuviera descendencia. De forma inesperada, poco antes de morir, en el año 1700 Carlos II eligió a Felipe de Anjou como sucesor, pero estableciendo que no se podrían unir los territorios de la monarquía hispánica con la francesa. Luis XIV, que hasta entonces había sido un firme partidario de la división de los territorios españoles para contentar a las cortes europeas, aceptó la voluntad de Carlos II y dio apoyo a la candidatura de su nieto. Las potencias europeas no se opusieron a la decisión, pero sí lo hicieron contra la actitud disparatada del Rey Sol, que prohibió las importaciones inglesas y dejó de reconocer a Guillermo III como rey legítimo de Inglaterra para apoyar las reivindicaciones de su adversario católico Jaime II. Aquellas acciones desencadenaron el estallido de la Guerra de Sucesión. En un primer momento se produjeron algunos éxitos franceses, pero a partir de la derrota de la batalla de Blenheim (13 de agosto de 1704) se invirtió la situación. En 1709 la guerra parecía perdida, y eso empujó a Luis a firmar la paz con los aliados. Finalmente, el ascenso al trono imperial del archiduque Carlos (1711) alteró los términos de la negociación, y Luis XIV y Felipe V firmaron la paz con Gran Bretaña y las Provincias Unidas en el Tratado de Utrecht (1713), y con el Imperio en el Tratado de Rastatt (1714). Los tratados garantizaban el reconocimiento de Felipe V como soberano de España, pero le negaban cualquier derecho sucesorio sobre la Corona francesa. Los territorios españoles de las Provincias Unidas y de Italia pasaban a manos del Imperio y del reino de Saboya y, a cambio, Luis XIV retiraba el apoyo al viejo pretendiente al trono de Inglaterra. Las consecuencias de la guerra fueron desastrosas para Francia y Luis XIV dejó una monarquía en bancarrota y cedió el control de los mares a Gran Bretaña.

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Ramon Frederic de Vilana-Perlas i Camarasa, marqués de Rialb (1710-1741)
(Oliana, 1663 – Viena, 5 de junio de 1741)

Notario real y ciudadano honrado de Barcelona (como miembro de la aristocracia urbana) desde 1698. Pronto se decantó por la alternativa austracista, y por este motivo el virrey Francisco Fernández de Velasco lo encarceló en junio de 1704. En 1705, después de que Barcelona capitulara ante las tropas austracistas, fue liberado. Con la llegada del archiduque Carlos se convirtió en su hombre de confianza y secretario personal; es por eso que fue el firmante de todos los artículos de las nuevas constituciones catalanas aprobadas en las Cortes de 1705-1706. Cuando Carlos III abandonó Barcelona para ser coronado emperador, Ramon de Vilana-Perlas se convirtió en la mano derecha de la emperatriz Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel durante su etapa de gobierno (1711-1713). Finalmente, el 19 de marzo de 1713 acompañó al séquito real a Viena. Desde la corte imperial, Ramon envió a su cuñado, Francesc de Verneda, a Barcelona como comisionado secreto del emperador para mantener la llama de su compromiso con los resistentes catalanes. Ramon de Vilana-Perlas tuvo una participación destacada en la negociación del Tratado de Rastatt (1714); a pesar de todo, no pudo hacer nada para defender el «caso de los catalanes» y mantener sus privilegios y constituciones. Una década más tarde tuvo una segunda oportunidad con el Tratado de Viena (1725), que si bien significaba una renuncia del emperador al trono de la monarquía española, también suponía una amnistía general y la autorización para que los exiliados austracistas pudieran volver a Cataluña y recuperar sus tierras y bienes. En la corte de Viena, Ramon de Vilana-Perlas prosiguió su tarea como secretario de Estado y de Despacho Universal; a partir de 1731 presidió el Consejo de España o «Cabildo Secreto» y después asumió la secretaría para asuntos del Norte (Países Bajos austríacos) hasta su dimisión, en 1737. Eso lo convirtió en una de las figuras más influyentes del Imperio austríaco.

 

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Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel
(Brunswick, Alemania, 28 de agosto de 1691 – Viena, 21 de diciembre de 1750)

Hija de una de las familias protestantes más distinguidas de la realeza alemana, el compromiso matrimonial con el archiduque Carlos comportó su conversión al catolicismo en la ciudad de Bamberg, el 1 de mayo de 1707. Al año siguiente, el 25 de julio, la princesa desembarcó en Mataró y se dirigió a Barcelona, donde se instaló en la corte del archiduque. Su llegada reforzó el compromiso de los Austrias con la causa catalana. Pocos días después, el 1 de agosto de 1708, contrajo matrimonio con el archiduque en la iglesia de Santa Maria del Mar. La presencia de la corte en Barcelona suscitó la reforma del Palau del Virrei o Reial y la llegada de un numeroso grupo de músicos y artistas a la ciudad. Durante las celebraciones de las nupcias reales se interpretaron en la Llotja las primeras óperas italianas, en formato reducido, compuestas por Antonio Caldara. La muerte del emperador del Sacro Imperio Germánico, José I (1711), obligó al archiduque Carlos a abandonar Barcelona para ser coronado nuevo emperador. Carlos dejó a la emperatriz al frente del gobierno de los territorios hispánicos de la monarquía, con la ayuda inestimable de Ramon Frederic de Vilana-Perlas, secretario personal y hombre de confianza del emperador. Las negociaciones del Tratado de Utrecht (que se acabó firmando el 11 de abril de 1713) llevaron a la emperatriz y al séquito real a volver a Viena en marzo de 1713. Cataluña quedó en manos del mariscal aliado conde de Starhemberg, que se encargó de organizar la retirada pocos meses después, a pesar de la promesa de garantizar las instituciones catalanas a nivel internacional. La emperatriz siempre mantuvo vivo el recuerdo agridulce de su estancia en Barcelona, como lo demuestra su sarcófago, donde se reproduce un bajorrelieve que representa la ciudad vista desde el mar.

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Joan Baptista Basset i Ramos
(Alboraia, Valencia, 1654 – Segovia, 15 de enero de 1728)

Militar profesional, a pesar de que nació en una familia de carpinteros, fue uno de los dirigentes de la flota anglo-holandesa que en 1704 el archiduque Carlos envió a la Península desde Lisboa para asegurarse la toma de posesión de la Corona española. Basset desembarcó en Dénia, donde se convirtió en la máxima autoridad mientras el grueso del ejército avanzaba hacia Valencia. A la espera de que llegaran nuevos refuerzos, Basset se colocó al frente de la rebelión popular contra el gobierno autoritario filipista, a la cual se sumaron las reivindicaciones campesinas contra los señores feudales y las demandas de comerciantes y menestrales en favor del libre comercio con Inglaterra y Holanda. El ejército de Basset fue conocido popularmente con el nombre de maulets, y pronto despertó los recelos del pretendiente austríaco. El 2 de julio de 1706, el archiduque Carlos fue proclamado rey de España en Madrid, al mismo tiempo que el general inglés Lord Peterborough era enviado a Xàtiva para capturar a Basset, que fue encarcelado a pesar de las protestas populares. Basset fue liberado después de la derrota de Almansa, el 25 de abril de 1707, con la finalidad de reunir a las fuerzas austracistas y abrir de nuevo otro frente en Valencia que, a pesar de sus intentos, no cuajó. Su figura reapareció durante el sitio borbónico a Barcelona (1713-1714) como comandante de la artillería de la ciudad, luchando hasta el último momento. Diez días después de la capitulación fue capturado, junto con el resto de la cúpula militar austracista, y después de pasar por diferentes prisiones llegó a Segovia en 1719. Fue excarcelado unos meses antes de la firma del Tratado de Viena (1725) a causa de su precario estado de salud, con la condición de que no saliera de Segovia. Allí, pobre y enfermo, pasó sus últimos días asistido por los jesuitas. Poco antes de morir, el 21 de junio de 1727, el emperador le rehabilitó los honores y le concedió el nombramiento de teniente general.


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Narcís Feliu de la Penya i Farell
(Barcelona, 1642 – febrero del 1712)

Hijo de una familia de mercaderes procedentes de Mataró, estudió derecho en la Universidad de Barcelona pero nunca llegó a ejercer como abogado, ya que se decantó pronto por la actividad comercial. A partir de 1683 se convirtió en uno de los hombres fuertes de la Junta de Comercio establecida en Madrid. Durante aquellos años expuso su pensamiento en materia económica —basado en el proteccionismo de la producción textil catalana, la unificación fiscal de la monarquía y la creación de una gran compañía comercial—, mediante la publicación de dos obras: Político discurso (1681) y el Fénix de Cataluña (1683). Dado que estas ideas no tuvieron la influencia que él esperaba en Madrid, regresó a Barcelona en 1690. Su actitud antifrancesa, aguijada por el recuerdo de la caída de Barcelona durante el sitio francés de 1697, y el convencimiento de que el modelo a seguir era el de las naciones comerciales europeas le hicieron optar por el archiduque Carlos como sucesor de Carlos II. Conspiró contra Felipe V y fue encarcelado en dos ocasiones. Finalmente, fue liberado cuando las tropas del archiduque entraron en la ciudad condal después del sitio de 1705. El punto culminante de su influencia política llegó durante las Cortes de 1705-1706, que proclamaron rey al archiduque Carlos, y en las que se materializaron sus propuestas económicas. Después, Feliu de la Penya declinó el ofrecimiento del monarca de nombrarlo secretario personal. A partir de aquel momento, se retiró de la política activa para dedicarse a escribir los Anales de Cataluña (1709), en que explicaba de forma retórica la historia de Cataluña para justificar por qué la burguesía industrial y comercial catalana había optado por la alternativa austracista, basándose en la necesidad de incorporarse a un proyecto político y económico de alcance europeo.

 

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Juan Antonio Llinás y de Ortiz Repiso
(Lucena, Córdoba, 1789 – París, 1854)

Su bisabuelo, Joan Antoni Llinàs i Farell, fue uno de los patricios barceloneses que mejor encarnó el constitucionalismo catalán, ya que fue uno de los que más veces asistió a las reuniones de la Conferencia de los Tres Comunes (1697-1714), y lo hizo en diferentes momentos como representante de las tres instituciones. Por otro lado, también participó en el proyecto económico de su primo, Narcís Feliu de la Penya; por todo ello, se convirtió en uno de los hombres fuertes del austracismo barcelonés, como lo demuestra que formara parte de la Junta de Gobierno de la ciudad hasta su capitulación. Dos de sus hijos murieron combatiendo a los borbónicos, y él y otro de sus hijos, Joan de Llinàs i Escarrer, fueron arrestados por las autoridades el 22 de septiembre de 1714 y pasaron casi cinco años en distintas prisiones españolas. Ambos volvieron a Barcelona en 1719 y Joan Antoni Llinàs murió al cabo de pocas semanas de su regreso.

Su bisnieto, Juan Antonio Llinás y de Ortiz Repiso, nació setenta años más tarde y, como su padre y su abuelo, se inclinó por la carrera militar. Combatió en Dinamarca bajo las órdenes de Napoleón y cuando estalló la Guerra del Francés (1808-1814) luchó contra sus antiguos aliados. Con el triunfo de las ideas liberales, pronto abandonó el ejército por la política y se convirtió en un hombre clave del liberalismo revolucionario catalán. Tuvo que exiliarse varias veces, y eso le permitió conocer de primera mano las ideas de los revolucionarios románticos franceses, belgas e italianos. Cuando ya hacía un par de años que había vuelto a Barcelona, en octubre de 1841 fue escogido para presidir la Junta de Vigilancia (revolucionaria) que gobernaba la ciudad y se enfrentaba a la amenaza moderada. Desde su puesto privilegiado en la Junta, emprendió la tarea de demoler la Ciutadella, y lo anunció rememorando la historia de cómo se había construido «para dominar a nuestros abuelos, que también sabían defender las libertades públicas». Su objetivo no se consiguió plenamente, y con el regreso al gobierno de los progresistas más moderados la fortaleza volvió a reconstruirse (1842). Entonces, Llinás debió emprender de nuevo el camino del exilio a París, donde vivió los últimos doce años de su vida como un firme defensor de las ideas republicanas, demócratas y federales. La Ciutadella le sobrevivió hasta la revolución de 1868, cuando fue asaltada y sus fortificaciones y murallas, demolidas. Meses después, se había convertido en un descampado donde sólo quedaban en pie los edificios principales del interior de la fortaleza. A finales de 1869, a raíz de una iniciativa impulsada por el presidente del gobierno, Joan Prim i Prats (el general Prim), y otros parlamentarios catalanes del Congreso de los Diputados, la monarquía devolvió los terrenos de la Ciutadella a la ciudad de Barcelona para que se construyera allí un gran parque.

 

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